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El Caballo Menorquín
Son
caballos subcirtoides o rectilíneos, eumétricos y longíneos, de esbelta
silueta.
Es un caballo noble, de sangre caliente, sobrio, resistente y enérgico. Con
aptitud para la silla y el enganche. De movimientos ágiles, cuenta con gran
aptitud para la elevada.
La elevada: Es el ritual de las fiestas, manoteando al aire con las patas delanteras. El "bot": Es el salto sobre los cuartos traseros. Hay quien dice que el caballo menorquín es el único que camina sobre los pies.
Las fiestas consagran el puesto de honor del caballo. Son fiestas de caballos,
con un ceremonial muy codificado, recuerdos de viejos torneos y suertes
rituales que terminan en un estallido de energía popular, el jaleo,
con un tropel de gente rodeando a unos jinetes -caixers- que hacen
bailar a sus caballos sobre las patas traseras.
El caballo es el protagonista de todas las fiestas populares que se celebran a lo largo del verano menorquín. Desde junio a septiembre, los caballos y sus jinetes, vestidos de blanco y negro los primeros y adornados con lazos, bordados y claveles multicolores los segundos, reviven cada año un ritual que nace a principios del siglo XIV.
Menorca tiene una antigua relación con los caballos. Tal vez llegue por el reparto de tierras que siguió a la conquista cristiana, cuando Alfonso III, en 1287, dividió la isla en "cavelleries", la versión local de los feudos. Los estudios genéticos más recientes demuestran que el caballo de raza menorquina está emparentado con el caballo árabe, pero no todos están de acuerdo, otros especialistas lo relacionan con el caballo berberisco del norte de África, aunque otros piensen que procede del centro de Europa y llegó a la isla con el rey Jaime. En Menorca este caballo no se usó nunca para los trabajos duros del campo, por eso se ha podido conservar tan esbelto, ágil de movimientos y de estampa tan noble.
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