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El Caballo Menorquín

  Son caballos subcirtoides o rectilíneos, eumétricos y longíneos, de esbelta silueta.
  Cabeza: La cabeza es alargada y armónica, perfil frontonasal recto, orejas mas bien pequeñas, ojos redondos y mirada viva.
  Cuello: El cuello es robusto de longitud mediana, ligeramente arqueado, musculoso y potente, con una crin fuerte y abundante.
  Cuerpo: El tronco es alargado, dorso recto, pecho mediano, costillar ligeramente alisado y vientre recogido.
  Extremidades: Las extremidades son largas, brazo y antebrazo robusto, rodilla ancha, muslo poco musculoso, pierna relativamente corta.
  Capa: De capa negra, admitiéndose todas sus variantes, desde el negro peceño hasta el azabache. Cualquier otra capa es excluyente. Se aceptan manchas blancas en la cara y extremidades, si son de reducidas dimensiones.

Es un caballo noble, de sangre caliente, sobrio, resistente y enérgico. Con aptitud para la silla y el enganche. De movimientos ágiles, cuenta con gran aptitud para la elevada.

  La elevada: Es el ritual de las fiestas, manoteando al aire con las patas delanteras.

  El "bot": Es el salto sobre los cuartos traseros. Hay quien dice que el caballo menorquín es el único que camina sobre los pies.

Las fiestas consagran el puesto de honor del caballo. Son fiestas de caballos, con un ceremonial muy codificado, recuerdos de viejos torneos y suertes rituales que terminan en un estallido de energía popular, el jaleo, con un tropel de gente rodeando a unos jinetes -caixers- que hacen bailar a sus caballos sobre las patas traseras.

  El caballo es el protagonista de todas las fiestas populares que se celebran a lo largo del verano menorquín. Desde junio a septiembre, los caballos y sus jinetes, vestidos de blanco y negro los primeros y adornados con lazos, bordados y claveles multicolores los segundos, reviven cada año un ritual que nace a principios del siglo XIV.

 

Menorca tiene una antigua relación con los caballos. Tal vez llegue por el reparto de tierras que siguió a la conquista cristiana, cuando Alfonso III, en 1287, dividió la isla en "cavelleries", la versión local de los feudos.

   Los estudios genéticos más recientes demuestran que el caballo de raza menorquina está emparentado con el caballo árabe, pero no todos están de acuerdo, otros especialistas lo relacionan con el caballo berberisco del norte de África, aunque otros piensen que procede del centro de Europa y llegó a la isla con el rey Jaime.

   En Menorca este caballo no se usó nunca para los trabajos duros del campo, por eso se ha podido conservar tan esbelto, ágil de movimientos y de estampa tan noble.